|
Es
demoledor, en esta época de música de plástico, músicos huecos
y periodistas que se quedan cerca de cajeros automáticos porque
han visto que hay una cámara, KROKE sale al escenario en
cualquier parte de Europa y ofrece una sublime mezcla de
creatividad, arte, artesanía y carisma escénico. Es tan
demoledor que cuando empiezan a tocar te ves aplastado contra la
pared como si fueses un sello y ahí permaneces dos horas, sello
aplastado contra la pared de nuestras limitaciones a la hora de
asimilar el caudal de creatividad. Y te dices “no es posible”,
mientras sientes que esta siendo. Y te vuelves a decir “ya no
quedaba de esto”, mientras los polacos despliegan ante ti el cóctel
que los hace grandes, creativos, sencillos como E=Mc2, mientras
Stanley, que eres tu, encuentra al perdido Livingston, que es la música.
La
gran reserva de creatividad europea se ha desplazado hacia el
este, Hungría, Polonia, Macedonia, Rumania, Grecia, Turquía. Un
violinista, para ser bueno, tiene que competir con 20.000 otros
violinistas. No han perdido el fundamental concepto de que sin
tocar como virtuosos lo demás no es posible. Y sobre esa
plataforma elaboran todo lo demás. Cuando ese virtuosismo se pone
al servicio de una energía creativa exuberante, surgen grupos
como Kroke. Ritmos
que son pulsaciones, guiños a una cierta manera de entender la
improvisación, líneas melódicas que harían llorar de emoción
a Goya y a Beethoven, por poner ejemplos de genio malhumorado…
Pero conquistado. Utilizando con economía ejemplar la tecnología
mas avanzada, estos cuatro músicos de Cracovia ocupan el
escenario como si fuesen doce o catorce. Si explotan rítmicamente,
te darás cuenta cuando empiecen a dolerte las manos (“¿Estaba
aplaudiendo?”) y si deciden “cantar”, recordarás el
estremecimiento que te producía escuchar
los vinilos de Pink Floyd de tu hermano mayor. Seria muy
increíble lo que estoy contando… Si no fuese porque aun hay más.
Kroke es un grupo en el que hay un músico que escapa a cualquier
calificativo. Habrá que inventarse nuevos adjetivos para hablar
de Tomasz Kukurba. Tiene firmado un pacto con los dioses. Cuando
empieza a tocar, su cuerpo parece una marioneta de guiñol,
agitado por una posesión que obligatoriamente le hace moverse espásticamente.
Parece decirte “fijaos como me esta destrozando la música y que
entero acabo”. Kukurba es un rayo láser que inmediatamente
toma posesión del escenario y establece contacto con tu yo
mas intimo. Te puede “matar” de diez formas distintas, depende
de la noche, porque claro, hay que decirlo sencillamente, sin
levantar la voz, sin alterarse mucho. Nunca repiten el mismo
concierto. Nunca.
Yo
les he visto ocho veces y cada uno era el primero. Y el siguiente,
el primero. Que disfrutéis, pero ya os anticipo que vais a tener
un problema: Vais a empezar a buscar como locos donde les podéis
ver otra vez.
Ramón
Trecet. Octubre de 2005
|