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ALMORADÍA
Palabra
árabe, tiene raíz en el término morâd
que significa un objetivo o un deseo que
uno se propone. La terminación “ía”
común al idioma árabe e español o
portugués le da el sentido de
objetividad.
En el año 2000 obtuve el
Premio Villa Médicis por investigar
sobre lo que quedó en el patrimonio
musical ibérico de la herencia musical
árabe en el fado y el Flamenco. Descubrí
en mis investigaciones históricas, la
historia de los Moriscos en la época del
siglo 16. Intenté averiguar que tipo de
expresión musical tenían después de
tantos interdictos lingüísticos,
religiosos y una aculturación o
asimilación forzada en una época de
inquisición. De hecho era difícil
reconstituir la música morisca tal como
era en aquella época puesto que se trata
de una expresión musical oral. Solo la
lógica de hechos históricos y sociales y
algunos testimonios históricos me
permitían saber de que forma
desarrollaban su expresión artística. A
menudo avanzaba en la investigación me
parecía obvio que no era interesante
reconstituir del todo algo que no
podemos reproducir científicamente y
musicalmente sin tener partituras como
base de trabajo. Sin embargo al
proseguir esta peregrinación musical,
tuve que trasponer el sentimiento que
conmovía un morisco al momento de
cantar. Algo más abstracto que me
permitía ser más libre en la creación
este proyecto de composición musical.
Obviamente existe una
pasión musical común entre el canto
Arábigo-andalusi, el flamenco y el fado
portugués, arraigada a la misma tierra:
La Península Ibérica.
No hace falta hacer
hincapié sobre hechos históricos y
recordar la presencia de la cultura
árabe durante ocho siglos en España y
cinco siglos en Portugal. Sabiendo que
la Reconquista pone fin a la identidad
religiosa musulmana, pero permanecieron
las raíces de una cultura árabe
firmemente asentada sobre el suelo
ibérico. La memoria de ocho siglos de
convivencia cultural no se puede borrar
de golpe a pesar de la voluntad política
de aniquilar todos sus rasgos, me
refiero a esa voluntad oficial de
aculturación de los cristianos nuevos en
el siglo XV, que sufrieron los gitanos,
los moriscos y los judíos cuyo papel
creativo es determinante como
transmisores musicales y puentes de
convergencia en diversos estilos
musicales del patrimonio musical popular
de Andalucía o de la Península Ibérica.
Así, podemos hablar de
fusión cultural y artística, de Oriente
y Occidente. Sin esto, el flamenco no
tendría la estética que nosotros le
conocemos. "Somos testigos de un
fenómeno transcultural, ya que el
contacto de dos culturas musicales como
la gitana y la andaluza hace surgir una
tercera totalmente nueva y desconocida
hasta entonces: La Flamenca. Sabemos que
un proceso parecido no puede producirse
mas que en Andalucía, porque el carácter
incomparable del flamenco viene, muy
probablemente, de la extraordinaria
riqueza de la herencia Andalusí y del
hecho de que las afinidades con las
tradiciones orientales del pueblo gitano
fueron aquí mucho más determinantes que
en todos los otros países occidentales”.
Basta con escuchar el
estilo Andalusi, el flamenco y el fado
para percibir algún parentesco lejano
entre ellos. Tratándose de expresiones
musicales cuya sensibilidad vibra al
"duende" que se manifiesta en la
libertad absoluta e incontrolada de la
emoción que se crea en el momento
presente de la interpretación
envolviendo este instante con lumbre
mágica de confidencia que viene de lo
más hondo del alma. Este mismo "duende"
se llama "tarab" en la música andalusi y
"provocaçào" para los fadistas.
Al igual y no de igual
expresión cantan la soledad de afectos,
la denominan por "saudade" en portugués,
otros "solea" en el flamenco y sauda
por los andalusíes para definir un humor
melancólico y negro. Podemos definirlo
de alguna manera como un "Blues" ibérico
resultado de un sentimiento agridulce,
de una emoción intensa desgarradora,
poderosa y frágil, alegre y melancólica
en el que los profundos gemidos cantan
el paraíso perdido del afecto o la
esperanza frente a la soledad y las
adversidades del destino.
Este blues ibérico recela
reminiscencias de una vivencia a veces
dolorosa y una convivencia perdida
disimulada sin duda en las
circunvoluciones del canto y de sus
modalidades musicales. A pesar de la
infortunada idea, demasiado difundida,
de que nada prevalece de esta cultura
árabe en la música ibérica, estos
estilos musicales son parientes próximos
por un contexto histórico que la memoria
popular no ha borrado sino integrado.
Sin embargo debemos reconocer que sus
estéticas se distancian debido a sus
trayectorias individuales a través del
tiempo y de las influencias exteriores
que sufrieron musicalmente a través de
su recorrido histórico. Más allá de todo
tipo de discurso académico, los
encuentros Inter-musicales hablan de por
sí. El flamenco, el fado y el andalusí
son cantos que pueden dialogar
musicalmente; pueden confluir en
sonoridades comunes teniendo en cuenta
las diferencias que las caracterizan y
que enriquecen más que desunen.
Esta obra musical no
trata de reconstituir elementos de un
pasado mítico sino una obra original
constituida de composiciones inéditas
que intenta aliar y hermanar los
sonidos comunes y resaltar el parentesco
entre estos estilos andalusí, flamenco y
fado.
AMINA ALAOUI
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