La Libertad tiene un sabor especial al inicio de un exilio. Para Yungchen Lhamo, una cantante que abandonó el Tíbet hace nueve años para rehacer su vida en el Oeste, ese gusto por la libertad es Coming home. El segundo lanzamiento para Real World de la clamada vocalista es una atrevida nueva dirección que al mismo tiempo renueva las promesas hechas a su público, su fe y a todos aquellos que simpatizan con su causa en todo el mundo.
1997 fue un año de ruptura para Yungchen
Lhamo; tras el lanzamiento de Tíbet, Tíbet, la cantante viajó por el mundo, cosechando elogios por sus cautivadoras actuaciones “a capella” y levantando conciencia por las luchas del pueblo tibetano que vivía bajo el régimen represivo chino. Lhamo es sin duda la artista tibetana más conocida hoy en día por aparecer en acontecimientos de gran renombre como el anual “Tibet House Benefit” en el Carnegie
Hall, el “all-star Tibetan Freedom Concert” (Concierto por la Libertad Tibetana) en Nueva
York, y en varias citas de la Feria de Sarah McLaughlin’s
Lilith.
“Estoy dispuesta a abrirme camino como vocalista en solitario”, dice. “Mi infancia estuvo llena de desesperación y pobreza. Parte de la razón fundamental de China para la ocupación del Tíbet es que el pueblo tibetano es retrasado e inferior. Forjando un camino para artistas tibetanos, estoy demostrando lo que realmente podemos hacer si tenemos la libertad”.
La apariencia majestuosa de Yungchen Lhamo con las vestimentas tibetanas y los rosarios para oraciones, su angustiosa historia de infancia de privación y el vuelo hacia Su Santidad el Dalai Lama en
Dharmasala, India, la han convertido en embajadora de hecho del Tíbet y del Budismo Tibetano allá donde viaja. Pero ella es mujer artista, no sólo un emblema para la causa. “Coming home” nos lleva más cerca de las dotes de Yungchen
Lhamo, y contradice un considerable crecimiento en su arte.
Con un completo acompañamiento instrumental, las canciones de “Coming home” tocan los temas universales de anhelo y soledad, pero también de esperanza, compasión y determinación. Delante está la voz de Yungchen – es por algo que un Lama la bautizó “Goddess of Song” (Diosa de la Canción): en sus largas notas sostenidas, su voz evoca al viento y las altas montañas; en sus complejos “melismas”, hace una llamada al lenguaje de los pájaros. Increiblemente expresiva “a cappella”, es conmovedora cuando está acompañada por toda su banda: ricamente complementada por las guitarras, violín, incluso el “Kantele” finlandés y los sutiles bucles y teclados. El resultado es tan completamente contemporáneo como el primer artista tibetano moderno tiene derecho a ser.
“Viajando durante los últimos cuatro años he conocido a muchos músicos que querían trabajar conmigo”, dice Lhamo. “Al principio, era reticente, porque lo que realmente me gusta es actuar “a capella””. Pero recelosa de que sus dotes vocales fueran probadas en pistas de baile en trance, decidió saltar sobre si, explorar, crecer y cambiar. Conoció al eminente productor francés Hector Zazou (que trabajó anteriormente con: Björk, John Cale, Suzanne Vega, Huun-Huur-Tu) en el festival Laurie Anderson’s Meltdown en Londres, e inmediatamente se interesó. “Es un buen hombre”, declara Lhamo. “Y eso lo hace muy diferente”. Animada por el fundador de “Real World”, Peter Gabriel, Lhamo comenzó a trabajar con Zazou en los estudios que “Real World” tiene en Wiltshire, Inglaterra.
“Cantar a cappella es muy difícil,” explica Lhamo. “Te sientes totalmente responsable de todo lo que el público siente. Todos los sonidos son creados por ti”. Grabar con Zazou le dio la oportunidad de centrar su considerable energía interpretativa con músicos. “Fue muy agradable”, dice. “Los años en los que he cantado a capella me han hecho fuerte”
Esta fuerza queda patente en las canciones de “Coming Home” (De vuelta a casa), todas ellas escritas por Yungchen, canciones que comparten las cualidades encantadoras del rezo budista y todavía despegan en elegantes vuelos particulares. Cada uno impregnado de metáforas, distribuidas en símbolos espirituales, políticos y familiares. ‘Heart’ (Corazón) y ‘Dream’ (Sueño) son canciones para el hijo de Yungchen, que va a una escuela tibetana en Dharmasala, apartado la mayor parte del año de su viajera madre. Para Yungchen, que recibió muy poca educación secular en el Tíbet, la separación es una tristeza necesaria. “No es sólo una escuela para la cultura tibetana, es también una escuela para la libertad de pensamiento. En el Tíbet los niños aprenden sólo sobre China. Yo misma, nunca aprendí nada del mundo en los libros, aunque he tenido suerte de haber aprendido en los viajes, sobre países que ni siquiera sabía donde estaban”.
‘Sky’ (Cielo), una canción que Yungchen canta parcialmente en inglés, trata la vacilante confianza en la comprensión de que todo es posible. La canción nació de una enseñanza que Yungchen Lhamo recibió del Lama Kirti Tsenshab Rinpoche en Nueva York. “Cuando era joven, me mandaron pronto a trabajar y no tuve la oportunidad de imaginar lo que era posible en la vida. Hablaba con Rinpoche sobre lo desalentador que era hacer lo que yo estaba haciendo, como mujer que procede de unos antecedentes tan poco ventajosos. Me dijo que el Buddha Jetsun Drolma llegó a la Ilustración como mujer, así que yo no debería pensar que carezco de potencial para lograr cualquier cosa. En las culturas asiáticas las mujeres tienen todavía expectativas más bajas que los hombres”.
Quizás, la pista que más sorprende en “Coming Home” (De Vuelta a casa) es la acertadamente titulada “Defiance” (Desafío). De fondo el berrido de una guitarra distorsionada y el zumbido armónico áspero de los cantantes de garganta Tuvan, la voz de Lhamo representa “el sonido de mi corazón rompiéndose pero rechazando ser roto”. La canción la escribió un viejo amigo de Yungchen que murió poco después de establecerse (durante un tiempo) en Sydney, Australia. Aunque su amigo no murió a manos de los chinos, como muchos tibetanos, es fácil oír en su quejido atormentado una conmovedora referencia al genocidio cultural en su tierra natal.
“Es una canción política,” admite. “Antes de los chinos, el Tíbet tenía un orden social que, aunque no perfecto, era una sociedad que se cuidaba a sí misma. Llegaron los chinos e introdujeron cualidades en ese orden: el trabajo de los niños, la anti-espiritualidad, la idea de una inferioridad cultural. El problema está más allá de aquellos que públicamente se resisten y son torturados y asesinados. La vida cotidiana del pueblo está destruida”. El amigo, cuya foto lleva con ella, era una de esas vidas.
Y todavía es extraño y notable para un artista tibetano transmitir una emoción tan estridente sobre la crisis de su tierra natal. “No es furia”, corrige, “pero duele. Puedes creer en la no-violencia, pero todavía te puede doler. Muchos tibetanos están enfadados, nos sentimos heridos. Hemos visto a nuestros padres y a nuestros abuelos torturados, muertos. Pero tenemos una manera de mirar al mundo donde la furia no puede ser motivación. La idea no es actuar sobre una motivación negativa, sino encontrar otro camino.”
Se podría presumir que es difícil para una vocalista de renombre mundial ser incongruente en la vida debido a su doctrina de fe de no-atadura al mundo material y su devoción al reino del espíritu. Pero según Yungchen, “De hecho lo hace más fácil. Hay comprensiones básicas de la vida que vienen de enseñanzas del Budismo tibetano que ayuda a no angustiarse cuando las cosas van mal y a no tener una explosión de ego cuando las cosas van bien”.
Aunque orgullosa de su nuevo disco, reconoce que habrá voces que prefieran la “pureza” de su trabajo a capella. “No puedes controlar cómo responderá la gente”, dice. “Así que no puedo preocuparme por ello. No vivo aislada. Formo parte de un mundo moderno que significa crecimiento, experimento. Creo que el público quiere oír lo que puedo hacer”.
“Me siento muy afortunada de poder hacer esto, aunque conlleva una difícil forma de vida, siempre viajando para nunca llegar a casa. Pero me gusta cantar con la motivación de inspirar al público”, dice Yungchen Lhamo. Prestando al mundo su bonita voz y su visión expansiva, está completando el destino establecido ante ella. “En el budismo, el ideal es ser útil, contribuir activamente para que las cosas sean mejores”, dice. “Es muy fácil sentarse solo y hablar sobre amor y compasión, pero para introducir eso en tu trabajo ... eso es práctica espiritual”.